Aquamación, la alternativa ecológica a la cremación
Esta alternativa permite acelerar la desintegración de las células del cuerpo a través del agua.
La industria química es la base de diversas ramas industriales como la alimenticia, con los conservadores y edulcorantes artificiales, o como la de autopartes con la creación de nuevos polímeros para el desarrollo de piezas más resistentes y más ligeras.
Sin embargo, la químia también está ligada a ramas de actividad menos atractivas, como la disposición final de cadáveres.
Prestadores de servicios funerarios de México y del mundo han optado por la innovación de su portafolio con la incorporación de procesos distintos a la cremación o inhumación de personas que perdieron la vida.
Uno de ellos es la hidrólisis alcalina, un proceso químico en agua que incorpora el hidróxido de potasio o potasa cáustica (como también se le conoce) y el hidróxido o hidrato de sodio, mejor conocido como sosa cáustica.
Es un proceso con base en agua y altas temperaturas, a través del cual los restos humanos se reducen a cenizas. Además genera un menor impacto ambiental.
La hidrólisis alcalina “utiliza 90% menos de energía que la cremación tradicional y emite 160 veces menos partículas finas al ambiente”.
Equipo especializado
A nivel global, la técnica es conocida como bio-cremación. El proceso se realiza en maquinaria especializada que imita la hidrólisis alcalina, un proceso que ocurre de forma natural cuando un cuerpo inicia su descomposición, la cual puede durar décadas.
Una de ellas es el Resomator S750, que fabrica la compañía con nombre muy similar con sede en Escocia. Maquinaria como esta reduce el proceso de años a cuestión de horas.
La mezcla que resulta de la aquamación o biocremación se seca y se tritura para entregar a la familia “cenizas blancas”.
La hidrólisis alcalina acelera la descomposición de restos a cinco horas respecto a los días que puede tomar un proceso con base en agua y temperaturas elevadas.
Este procedimiento fue desarrollado en Canadá. Actualmente lo usan países como Estados Unidos y Australia.
'Ligero' pendiente
En Canadá alrededor de 6% del mercado ya usa este proceso, mientras que en Estados Unidos la participación es de 3%. En México, la expectativa es que el uso de la aquamación penetre a 2% del mercado en los próximos tres o cuatro años. Las primeras ciudades que dispondrán del proceso son Monterrey y Tijuana.
“Es una alternativa que sin duda marcará la tendencia en el sector funerario en México por sus múltiples beneficios y su mínimo impacto en el medio ambiente“.
Al ser un proceso novedoso aún no existe una norma que vigile estrictamente su uso; sin embargo, la empresa ya trabaja con la Secretaría de Salud y las autoridades ambientales para establecer reglas claras sobre su implementación.
“El dispositivo requiere menos instalación y menos cosas que la cremación, porque sólo es alimentación y salida de agua. El proceso al final arroja agua con PH equivalente a agua jabonosa, entonces no tiene grandes complicaciones para el vaciarse en el drenaje”, concluyó el ejecutivo.
Impacto de la muerte hacia el medioambiente
Cuando creman a las personas, se emiten óxidos de carbono, dioxinas y otros contaminantes. En la inhumación, se liberan potenciales contaminantes químicos, en los que prevalecen los compuestos a base de carbono, amoniaco, cloruro, sulfato, sodio, potasio o los restos de tratamientos químicos hospitalarios, como la quimioterapia.
Además de todas esas sustancias, cuando hacemos uso de ataúdes de madera o de metal, también estamos generando un impacto negativo para el medioambiente, ya que éstos se tardan en desintegrar varios años.

