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De Bahía Blanca al mayor premio de astrofísica: quién es la argentina que reconstruyó la historia secreta de la Vía Láctea

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La Vía Láctea, donde se encuentra el sistema solar, el Sol y la Tierra, no siempre fue la galaxia tranquila y ordenada que parece. Detrás de ese disco de estrellas hay una historia de colisiones enormes, y una científica nacida en Bahía Blanca, Argentina, fue quien encontró las pruebas.

Se llama Amina Helmi y nació el 6 de octubre de 1970. Estudió astronomía en la Universidad Nacional de La Plata y hoy es profesora e investigadora en la Universidad de Groningen, en el norte de Países Bajos. Lleva tres décadas reconstruyendo la historia de la Vía Láctea estrella por estrella.

Hoy miércoles 10 de junio la Academia Noruega de Ciencias y Letras anunció que Helmi es una de las ganadoras del prestigioso Premio Kavli en Astrofísica 2026, el reconocimiento más alto en su campo a nivel mundial.

Lo comparte con los astrónomos Vasily Belokurov y Rodrigo Ibata. Fueron distinguidos “por descubrir evidencia fósil de fusiones pasadas que prueban que la Vía Láctea se construyó a través de acreción jerárquica”, es decir, que creció al absorber galaxias más pequeñas, según el comunicado oficial.

Fred Kavli, un hombre calvo y de piel clara, con traje oscuro y corbata roja, habla en un atril con un micrófono, con plantas verdes borrosas al fondo

Fred Kavli fue un empresario y filántropo noruego-estadounidense. Creó una fundación en el año 2000 que distingue la excelencia en astrofísica, neurociencias y nanotecnología (Scanpix/Fundación Kavli)

Los tres investigadores recibirán el galardón en Oslo en septiembre y compartirán un millón de dólares. Los Premios Kavli se entrega cada dos años en tres disciplinas (astrofísica, nanociencia y neurociencia) que el Nobel no cubre de forma sistemática.

Es parte de una colaboración entre la Fundación Kavli, el Ministerio de Educación e Investigación de Noruega y la Academia Noruega de Ciencias y Letras.

Arqueóloga de galaxias

Este video ilustra cómo una galaxia enana es absorbida por una mayor y revela la mezcla de sus estrellas mediante movimientos y composición química. Helmi estudió las fusiones de galaxias, específicamente las fusiones que experimentó la Vía Láctea a lo largo de su historia (Universidad de Groningen)

La especialidad de Helmi tiene nombre propio: arqueología galáctica. Así como un arqueólogo reconstruye civilizaciones a partir de fragmentos enterrados, ella reconstruye la historia de la Vía Láctea a partir de las estrellas.

Cada una guarda en su composición química algo parecido a un ADN que revela dónde y cuándo nació. “Es como un ADN que queda marcado en la atmósfera de la estrella”, explicó Helmi al ser entrevistada.

Combinado con la medición de sus movimientos y edades, ese registro permite trazar la historia de la Vía Láctea con una precisión que no es posible en otras galaxias.

Su primer gran hallazgo llegó durante el doctorado en la Universidad de Leiden. En 1999, con datos del satélite Hipparcos —precursor de Gaia—, Helmi descubrió un grupo de estrellas en la vecindad del Sol que se movían de forma distinta al resto. Lo publicó en la revista Nature.

Los astrónomos descubrieron una de las estructuras más grandes jamás vistas en la Vía Láctea

El satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea mapeó con precisión sin precedentes el movimiento de más de mil millones de estrellas de la Vía Láctea/ESA

“Eran los restos de una galaxia más pequeña que la Vía Láctea había absorbido hacía miles de millones de años, y esa fue la primera evidencia directa de que nuestra galaxia se formó a través de fusiones”, contó.

Con el tiempo, la comunidad científica empezó a llamar a esas estructuras como las “corrientes de Helmi” en honor a la investigadora y hasta hoy aparecen con su apellido en los reportes de las revistas de referato.

El descubrimiento más reciente llegó con Gaia, el satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) que mapeó el movimiento de más de mil millones de estrellas.

Con esos datos, Helmi y su equipo identificaron los rastros de la última gran fusión que experimentó la Vía Láctea: un choque con otra galaxia ocurrido hace aproximadamente diez mil millones de años, cuando el Sol todavía no existía y la galaxia era apenas un sistema joven. A ese sistema devorado lo llamaron Gaia-Encelado, según su trabajo publicado en Nature en 2018.

El ADN de las estrellas

Científica Amina HelmiRepresentación artística de Encelado siendo absorbido por una galaxia similar a la Vía Láctea, el evento que Helmi y su equipo identificaron como la última gran fusión de nuestra galaxia. (Crédito: René van der Woude, Mixr.nl)

Probar una colisión de hace diez mil millones de años requiere el mismo principio que la arqueología, pero aplicado al cosmos. Las estrellas más antiguas de la Vía Láctea orbitan en una zona esférica que rodea el disco de la galaxia, llamada halo.

“Al estudiarlas con los datos de Gaia, detectamos algo que no encajaba: una gran parte de esas estrellas se mueve en dirección contraria al resto”, mencionó. “La mayoría de las estrellas se mueven con el reloj, pero las que estudiamos se movían a contrarreloj. Y eso ya es raro”, describió.

Cuando analizó su composición química, la diferencia fue aún más clara: esas estrellas no nacieron en la Vía Láctea. Su ADN químico era el de otra galaxia, y los datos permitieron determinar el tamaño de ese sistema, cuándo ocurrió el choque y qué consecuencias tuvo.

El impacto deformó el disco original de la Vía Láctea, lo calentó y dio origen a una nueva capa de estrellas en la galaxia. Fue, como Helmi describió, “un encuentro entre titanes”.

satélite Gaia

El satélite Gaia fue la herramienta con la que Helmi identificó los rastros de la última gran fusión de la Vía Láctea/ESA

Ese hallazgo resolvió además una contradicción que inquietaba a los astrónomos. El modelo cosmológico predice que las galaxias crecen a través de fusiones sucesivas, pero la Vía Láctea tiene una forma de disco ordenada que parecía incompatible con una historia violenta.

La respuesta es que las fusiones sí ocurrieron, pero muy temprano. “Desde esta fusión hasta la actualidad no han pasado grandes eventos”, explicó Helmi. La galaxia tuvo tiempo de recuperarse y mantener su estructura durante los últimos diez mil millones de años.

De Bahía Blanca al cosmos

Open House Buenos Aires 2025

El Planetario Galileo Galilei de Buenos Aires, donde una visita de la joven Helmi durante las vacaciones de invierno despertó su fascinación por el universo (Crédito: Claudio Troncoso)

La pasión de Helmi por la Vía Láctea empezó mucho antes que sus papers y su uso de la información que se obtiene por los satélites artificiales.

“Tenía once años cuando viajé con mi familia desde Bahía Blanca a Buenos Aires de vacaciones y visitamos el Planetario”, recordó.

Las imágenes del cielo en el techo del Planetario Galileo Galilei la impactaron de una manera que nunca olvidó. Un año después, en séptimo grado (el último año de la primaria en la Argentina de entonces) un pequeño curso de Astronomía dentro de Geografía terminó de atraparla.

“Pude entender por qué siempre vemos el mismo lado de la Luna, con naranjas y limones como modelos del sistema solar”, dijo. “Recuerdo ese momento de haber entendido lo que pasaba en la Luna, en el espacio, lejos, con mi mente. Y eso me pareció espectacular”, expresó.

El empujón final lo dio la novela Contacto, de Carl Sagan, cuya protagonista es una astrónoma que descifra un mensaje matemático sobre el Universo. “Eso es lo que a mí más me llama la atención: usar la belleza de las matemáticas para entender el Universo”, dijo Helmi sobre ese libro que leyó cuando era adolescente.

Después de estudiar en la Universidad Nacional de La Plata, se doctoró con diploma de honor en Leiden. Cuando se produjo la crisis financiera de 2001 en Argentina, Helmi tenía un contrato que dividía su tiempo entre su país natal y Alemania y eligió quedarse en Europa.

Científica Amina HelmiAmina Helmi, nacida en Bahía Blanca y formada en la Universidad Nacional de La Plata, reconstruye la historia de la Vía Láctea estrella por estrella desde la Universidad de Groningen/Archivo Universidad de Groningen

Desde 2003 trabaja en Groningen, donde hoy es profesora titular, dirige un grupo de investigación en dinámica estelar y da clases de dinámica de galaxias.

Su trabajo es casi todo frente a una computadora: modelos, simulaciones, exploración de bases de datos. “Básicamente uno programa, hace gráficos, trata de interpretar lo que está viendo”, explicó.

Gran parte de ese trabajo giró durante años en torno a Gaia, el satélite de la ESA con el que hizo sus descubrimientos más importantes. El año pasado dejó de estar operativo, pero su legado no terminó.

La arqueología galáctica usa la composición química, los movimientos y las edades de las estrellas para reconstruir la historia de la Vía Láctea/ESA

La arqueología galáctica usa la composición química, los movimientos y las edades de las estrellas para reconstruir la historia de la Vía Láctea/ESA

“Quedan por publicarse dos grandes conjuntos de datos —uno a fines de 2026 y otro en cuatro años— que permitirán analizar los diez años completos de observación del satélite", precisó.

Para Helmi, ver apagar la misión fue un duelo. “Estuve involucrada en Gaia básicamente desde la concepción”, confesó.

Ahora espera que los datos pendientes permitan responder las preguntas que todavía no tienen respuesta: cómo era la Vía Láctea en su infancia, antes de la gran fusión, y qué revelan las corrientes estelares sobre la naturaleza de la materia oscura, la materia invisible que, según los modelos actuales, conforma gran parte de la masa del universo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Infobae

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