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Cómo evitar la contaminación y conservar la carne de pollo en verano

En verano, las altas temperaturas y la humedad ambiente determinan que los alimentos sean más susceptibles al desarrollo microbiano

En verano, las altas temperaturas y la humedad ambiente determinan que los alimentos sean más susceptibles al desarrollo microbiano, incrementándose el riesgo de contraer enfermedades transmitidas por alimentos. 

¿Cómo saber si un alimento está contaminado con microorganismos dañinos o sus toxinas?
La contaminación de los alimentos y el agua es difícil de detectar, ya que generalmente no se altera el sabor, el color o el aspecto de la comida. Por esto, las pautas de higiene a la hora de la manipulación de los alimentos son la clave de la prevención.

¿Cómo elegir un pollo en óptimas condiciones al momento de la compra?
Un pollo en buenas condiciones tiene su piel húmeda, intacta y sin manchas marrones, verdosas o violetas. Su color puede ser blanco o amarillo, y siempre uniforme, sin presentar zonas manchadas. Las puntas de las alas no deben estar oscurecidas, ni presentarse pegajosas. No debe presentar restos de plumas, ni zonas oscuras o secas. El olor debe ser agradable, fresco, libre de olores extraños.

¿Qué cuidados debo tener al momento de comprar carne de pollo?

  • Al igual que para todos los alimentos perecederos, es recomendable elegir el pollo al final de la compra y refrigerarlo o congelarlo inmediatamente para reducir el tiempo de exposición a temperatura ambiente y así evitar romper la cadena de frío.
  • El pollo debe estar siempre embolsado e identificado su procesador, que es la garantía del origen.
  • Controlar siempre la fecha de vencimiento.

Para prevenir las Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETAS), el Centro de Información Nutricional de la Carne de Pollo (CINCAP) recomienda extremar los cuidados al manipular el pollo, en especial durante el verano, en donde con las altas temperaturas y la humedad ambiente los alimentos son más susceptibles al desarrollo microbiano.

Es muy difícil de detectar si un alimento está contaminado ya que generalmente no se altera el sabor, el color o el aspecto de la comida. Por esto, las pautas de higiene a la hora de manipular los alimentos son la clave de la prevención.

Al comprarlo, el pollo fresco debe tener su piel húmeda, intacta y sin manchas marrones. Su color puede ser blanco o amarillo y el olor debe ser agradable y fresco. Las puntas de las alas no deben estar oscurecidas, ni presentarse pegajosas.

Se recomienda tomar el pollo al finalizar la compra y refrigerarlo inmediatamente para evitar romper la cadena de frío. Además, debe estar siempre embolsado y con etiqueta, con la respectiva fecha de vencimiento. Si se congela, el pollo entero dura 12 meses, y el trozado, 9 meses. Se descongela adentro de la heladera, nunca a temperatura ambiente.

Se aconseja no dejar el pollo cocido a temperatura ambiente durante más de 2 horas. Las preparaciones cocidas duran en la heladera hasta 48 horas y en el freezer, de 4 a 6 meses.

En cuanto a los síntomas típicos de las ETAS incluyen vómitos, dolor abdominal, diarrea y fiebre y en ocasiones más extremas pueden producir trastornos neurológicos, renales, de la piel, visión doble, dificultad respiratoria e incluso la muerte. Los niños y los adultos mayores son los grupos más propensos a desarrollar una ETA, por lo que las precauciones deben extremarse.

 

 

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